Cartagena de Indias, 14 de septiembre de 2025
Por: Monica Palomino, directora de La Lupa Curiosa, Juana Isabel Aguirre, estudiante 9º grado del Cartagena International School y Emma Paniagua, estudiante 8o grado del Colegio Nuestra Señora de la Candelaria de Cartagena.
El reloj marcaba la una de la tarde y el sol cartagenero se sentía con fuerza en el patio del colegio. El timbre había sonado hacía diez minutos. Un grupo de estudiantes, en lugar de correr o gritar, permanecía inmóvil, con la mirada fija en las pantallas de sus teléfonos. No se veían sonrisas ni juegos; solo rostros iluminados por la luz azul. Se veían abrumados, pero sin dejar de deslizar sus dedos por la pantalla. Nos preguntamos ¿cuál es el costo real de esta conexión constante en la salud mental de las generaciones más jóvenes? A través de nuestra labor periodística, decidimos investigar el fenómeno conocido por la UNESCO como Infodemia.
En la última década, el acceso ilimitado a la información ha sido aplaudido como un pilar del progreso. Sin embargo, para una generación de nativos digitales, esta sobreabundancia de datos, a menudo sin filtro ni verificación, se ha convertido en una fuente de fragilidad mental. La infodemia, que la UNESCO define como una “excesiva cantidad de información —en algunos casos correcta, en otros no— que se propaga rápidamente”, tiene un efecto corrosivo sobre la salud mental de los adolescentes.
Un estudio del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS) alerta que los adolescentes que pasan más de 3 horas al día en redes sociales tienen el doble de riesgo de sufrir problemas de salud mental. Las cifras lo confirman: de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental, con la depresión y la ansiedad como principales causas. Esta alarmante realidad ha encontrado un terreno fértil en Colombia, donde estudios recientes arrojan luz sobre el grave impacto de la desinformación en las mentes de los jóvenes.
El contexto colombiano: voces desde la FLIP y testimonios desde la realidad
El panorama descrito a nivel global resuena con fuerza en Colombia. Un estudio de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de los adolescentes ante la desinformación. Entre marzo de 2023 y julio de 2024, la investigación analizó la relación entre los jóvenes, las redes sociales y la desinformación en siete municipios del sur del país. El estudio, que incluyó a 2.332 estudiantes de 9.°, 10.° y 11.° grado, demostró cómo la infodemia se ha convertido en una parte importante de la vida de los jóvenes colombianos.
La investigación de la FLIP destaca que la mayoría de los adolescentes se informan por redes sociales como Facebook, TikTok, WhatsApp y YouTube. Sin embargo, este acceso tiene un costo: más de la mitad de los jóvenes encuestados (52,77%) admite no haber verificado la información que comparte. A pesar de que la veracidad les preocupa, el 68,54% confirma que solo ocasionalmente consultan diversas fuentes para corroborar un hecho. La desinformación les llega principalmente a través de la viralidad de las redes sociales y por medio de sus amigos y familiares.
Los videos cortos y los mensajes reenviados por WhatsApp se han convertido en los formatos más populares, y son un arma de doble filo: entretienen, pero también siembran confusión y ansiedad.
Un testimonio recopilado por La Lupa Curiosa resuena con los hallazgos de la UNESCO. “Sofía”, estudiante de 9º grado de un colegio privado en Cartagena, expone el impacto de las redes sociales en los más jóvenes: “Siento que tengo que estar conectada todo el tiempo. Si no veo lo que está pasando en TikTok, siento que me pierdo algo importante… Una vez vi una noticia súper alarmante sobre una enfermedad rara… y entré en pánico. Estuve días sin dormir… la ansiedad que me dio fue real”.

Mecanismos psicológicos y desafíos específicos
La infodemia afecta la salud mental de los jóvenes a través de una serie de mecanismos psicológicos que se entrelazan de manera compleja. En primer lugar, la sobrecarga cognitiva es un problema recurrente. El cerebro adolescente, aún en desarrollo, lucha por procesar la inmensa cantidad de información que recibe, lo que, según la UNESCO, puede generar “fatiga mental, dificultad para concentrarse, estrés y un aumento de la ansiedad”.
Esta constante exposición a un flujo ininterrumpido de datos conduce a una distorsión de la realidad y la autoimagen. El informe de la UNESCO, Tecnología en los términos de ellas, destaca cómo la tecnología refuerza estereotipos de género y perpetúa narrativas perjudiciales. Las plataformas, por ejemplo, exponen a las niñas a un “bombardeo de imágenes que sexualizan sus cuerpos”, lo que contribuye a problemas de autoestima y dismorfia corporal. A esto se suma la ansiedad por desinformación, donde la multiplicación de noticias falsas y teorías conspirativas genera un miedo genuino y una sensación de vulnerabilidad.
Como en el caso de “Sofía”, esta angustia se agrava cuando la desinformación se disfraza de verdad, haciendo casi imposible distinguir lo que es confiable. Finalmente, la presión social digital crea una adicción a la aprobación externa. Este apego se convierte en una medida del valor personal, lo que hace que el ciberacoso o las “cancelaciones” (o funadas, como dicen los jóvenes) tengan efectos devastadores.
Navegando la tormenta: soluciones desde la alfabetización
La crisis de la infodemia no es un problema de información; es un problema de pensamiento crítico y bienestar que exige una respuesta urgente y coordinada. La UNESCO, en su informe Navegando la infodemia, nos da la clave para enfrentar este desafío: la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI). La AMI es una herramienta poderosa que le da a los jóvenes “la capacidad de navegar de forma responsable” en el ecosistema digital. Se trata de enseñar a los adolescentes a ser “detectives de la información” capaces de:
- 1. Evaluar fuentes: ¿De dónde viene esta información? ¿Es una fuente confiable?.
- 2. Identificar sesgos: ¿Quién escribió esto y por qué? ¿Hay un punto de vista oculto?.
- 3. Entender el propósito: ¿La información busca informarme, venderme algo o manipular mi opinión?.
El informe de la FLIP subraya la importancia de fortalecer estas competencias a través de políticas públicas y de formar a los docentes para que puedan guiar a sus estudiantes. Los padres también tienen un papel crucial, modelando un uso consciente y equilibrado de la tecnología y manteniendo una comunicación abierta con sus hijos. Finalmente, las plataformas digitales deben asumir su responsabilidad y tomar medidas para evitar la propagación del miedo, los rumores y la desinformación. Al empoderar a los adolescentes con las herramientas de la AMI, podemos convertir la vulnerabilidad en resiliencia y asegurar que la próxima generación no solo sobreviva, sino que prospere en la era de la información digital.
Ahora que sabes qué es la Infodemia, ¿tomarás medidas para que no afecte tu salud mental?






















