Catán: cooperación en la rivalidad

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Tablero interactivo del juego de mesa Los Colonos de Catán que ilustra la estrategia de recolección y expansión de recursos

Por Francisco Gamba, profesor de sociales

Los colonos de Catán es un juego de mesa que llama la atención por su carácter cooperativo. Si bien sólo una persona es quien resultará victoriosa, es fundamental disponer de los y las demás integrantes del juego para vencer. 

¿Qué es Catán?

Catán recuerda un poco al tradicional Risk, juego donde la competición por la conquista territorial y militar nos ha llevado a la aniquilación no sólo de las tropas enemigas, sino también de los vínculos familiares, fraternales y amicales. Hoy todavía nos pueden sorprender las emociones y los comentarios que este juego de guerra produce hacia nuestros coetáneos. Sin embargo, el parentesco entre Risk y Catán radica en el hecho de que hay conquista, pero en el segundo no es una conquista de carácter militar, sino de recursos. 

Diálogo, persuasión, comercio y expansión

Klaus Teuber, diseñador del juego, nos invita a una experiencia cooperativa que tiene lugar en la isla de Catán. La única forma de adquirir los recursos para el desarrollo y, con esto, para la victoria, es a través de la suerte de los dados y, una característica que rara vez se ha visto en ningún otro juego de mesa, a través de nuestras habilidades de comercio y persuasión. Lo que es atractivo de Catán no es el parentesco con Risk, sino su más grande diferencia con respecto al juego de la guerra: el diálogo. En Catán el diálogo no declara guerras o traiciones al país vecino, sino que es utilizado para intercambiar recursos naturales los cuales serán invertidos en la construcción de caminos, pueblos y ciudades, fundamentales para el desarrollo de una partida que dura entre 60 y 80 minutos. Aquí el diálogo no genera el terror de ser atacado por un contingente militar sino la satisfacción de haber consolidado un tratado de comercio “justo”. Por supuesto, las condiciones de esta justicia no son impuestas por el juego, sino que son construidas por el colectivo. 

Grupo de jugadores dialogando e intercambiando cartas de materias primas durante una partida cooperativa de Catán

Ahora bien, esto no quiere decir que en la isla de Catán los sentimientos de frustración e incluso la ruptura de los vínculos no tengan lugar. Podrían tenerlos, pero con la diferencia de que vienen motivados desde otro lugar distinto al de la guerra. 

Finalmente, cualquiera podría pensar que este juego incentiva el espíritu salvaje del capitalismo o las lógicas del comercio neoliberal. Quizás. Pero eso es algo que ustedes, lectores y lectoras, tendrán que concluir luego de que se animen a jugarlo.

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